Miguel A. Figueroa Soto
LA REGIONALIZACIÓN UNA HISTORIA QUE NO REDIME AUN AL ESTADO
I Parte
Cuando el pueblo Argentino se emancipó, de aquello ya hace mucho tiempo, del colonialismo español; fue actor fundamental de su independencia, y la agenda principal en debate de aquel momento la constituyó el tema, si el estado a construirse debía tener un carácter federativo unitario o no. Este hecho que pareciera formar parte del anecdotario histórico latinoamericano, tiene una connotación vital hoy, para entender cuando un proceso político social se legitima en el tiempo.
Después de más de un siglo y medio de fundación, en nuestro República se debate nuevamente el tipo de estado que nos correspondería construir, con la diferencia que unos quieren mantener el estado actual y otros reformarla vía la descentralización. Marcada además por una clamorosa ausencia de la sociedad civil y del autismo político de las elites regionales.
El nuevo escenario del Perú contemporáneo nos muestra el fracaso del Estado –Nación, por su carácter centralista pues se encuentra incapacitado no solo para resolver la demanda de las regiones y las localidades, sino además para sostener sus propias reformas y que la reivindiquen con la sociedad. Y la muerte a plazos del estado –nación, es también el derrumbamiento de una forma tradicional de hacer política.
Esta necesaria introducción nos permitirá visualizar a la nación en sus más remotas origines fundacionales.
El periplo histórico de la Regionalización se remonta a las comunidades agrarias o ayllus, sobre esta particular forma de organización se forja la organización estatal del Tahuantinsuyo. La estructura jerárquica entre los jefes locales y la monarquía Inca era la base del funcionamiento del poder central.
Instalado el colonialismo, y establecidos los municipios estas son dotados de prerrogativas administrativas que con el tiempo la convierten en núcleo base del estado y al determinar una embrionaria forma de consulta popular con los cabildos abiertos devienen con el tiempo en formas de poder LOCAL. Es decir que la municipalización fue el primer intento descentralista REAL.
Con el nacimiento de la república, surgieron tibias corrientes federalista provenientes principalmente de la intelectualidad, y no eran representativos de fuerzas económicas desarrolladas (burguesías provinciales)que pugnaban por poder y con capacidad de negociación, que por cierto eran muy limitadas, pues el latifundismo era la expresión mas conservadora y primitiva del poder y combatía de la peor manera cualquier intento de reformar el estado, en realidad estas eran las verdaderas características de las elites regionales. La pugna por el poder la administraban los caudillos militares, que justificaron el argumento del estado unitario para no romper la débil unidad en el que se debatía en el Perú del siglo XIX y se advertía ya ,en la constitución de 1823 el marco legal caracterizando el país como unitario(centralista), pero solo de carácter provisional.
Con el mariscal Ramón Castilla, que era una suerte de Bonaparte Republicano con poderes absolutos, la centralización se legitima en su gobierno, al vender por ejemplo el guano de islas a capitales extranjeros sin consulta alguna al país, fue quien se rodea de una red clientelista en todo el aparato estatal, de manera que se garantizó asimismo su reelección en el año 1855, por un largo segundo periodo de ocho años.
II Parte
Don Manuel Pardo y Lavalle, gobernó el país entre los años 1872 y 1876 por el partido Civilista, era a no dudarlo un gran promotor cultural, fue el fundador de las Universidades de la Molina y la UNI. Al ser ungido presidente por el Primer Partido Civil del Perú, fue el primer gobierno que se planteo programaticamente la reforma descentralista, transfiriendo los recursos fiscales a niveles de poder regional, dirigidas por elites regionales provenientes principalmente de las nacientes burguesías provinciales, a partir de estas alianzas abrir el proceso de modernización del estado. La oligarquía tradicional se sintió afectada, copo el partido civilista y los buenos intentos de Don Manuel Pardo fracasaron lamentablemente.
En 1896 la impopularidad del gobierno del Mariscal Cáceres acelera la caída de su segundo gestión, que no duro más de un año. Termina además con él la dinastía de los caudillos militares. Él vació de poder creado es rápidamente capitalizado por Nicolás Baltasar de Pierola y Villena, curiosamente un representante de la Oligarquía terrateniente derrota al héroe de la Breña con los mismos montoneros que le acompañaron en la resistencia a la invasión chilena. El Gobierno del “Califa”, quien se ufanaba del apelativo, por su carácter autoritario y gamonal. Inaugura por decir lo menos, el periodo mas largo de control del estado por la oligarquía terrateniente, llamada también “ La República Aristocrática” por Jorge Bassadre, y sienta las bases políticas e ideológicas del centralismo como forma de gobierno. Se prolongó este periodo hasta los albores del año 1968.Con Pierola la Oligarquía adquiere por primera vez un carácter orgánico, por primera vez se articula, y tiene en el un conductor reconocido. Con Pierola se evidencian como políticas de Estado, el Centralismo como la concentración del poder en pocas manos, el Patrimonialismo del estado giraba en torno a un presidente . Como recordaran algunos memoriosos el Presidente García en varias oportunidades glorifico el rol de Pierola, pues tiene un referente a quien emular. Después ya es historia conocida, lo que sí es cierto es que son pocos el que la Historia los absolverá.
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